Nuevamente con el inicio del año escolar, aparece en escena el tema de la orientación ideológica y política en el ámbito educativo.
La simplicidad de términos, opiniones y razonamientos que están presentes en esta discusión, provoca una inmediata diáspora de la sociedad hacia los polos radicales y extremistas.
Voces gubernamentales promocionan sin ningún tipo de prudencia, toda una estrategia de cambios en el sistema educativo venezolano que, vista desde la lejanía y sin mayor análisis, ofrece la sensación de pretender imponer un modelo de adoctrinamiento parcializado (por no decir sectarista).
Por otra parte, es cada vez más evidente la falta de coherencia entre el verbo y la acción. Los hijos y nietos de altos funcionarios gubernamentales y militares cursan estudios en las escuelas, colegios y universidades más costosas y selectas del país. Este hecho pone en duda cualquier iniciativa del sector oficial, y aumenta las sospechas y los temores sobre las verdaderas intenciones de tales transformaciones.
Movidos por esta incierta visión del futuro modelo educativo, grupos conservadores, diferentes asociaciones de escuelas, colegios y universidades, gremios docentes, la Iglesia Católica, grupos económicos y otra serie de factores, toman posturas opuestas contra tales propuestas; obviando por completo, que el actual modelo es también terriblemente perverso.
Muy pocas personas han asumido este tema con la racionalidad necesaria del caso, apartando sus inclinaciones ideológicas y políticas.
Pero... ¿es necesario cambiar el modelo educativo?
Indudablemente, el proceso educativo tradicional es un hecho invasivo per se.
Desde muy temprana edad, el individuo, es introducido en una elaborada estructura que está dividida en etapas; en cada una de ellas, una variada gama de ramas del conocimiento le son bombardeadas indiscriminadamente y, en la mayoría de los casos, sin la participación consciente del mismo, quien actúa como un simple receptor pasivo.
Periódicamente, el método del “premio o castigo” evalúa la capacidad del individuo para memorizar datos, con escaso análisis y procesamiento de los mismos, y su aptitud para la adaptación al modelo.
Cualquier estudiante que se desvíe de la curva promedio, puede ser considerado como un enorme genio (el menor de las ocurrencias) o como un rebelde desertor (el mayor de los casos). En ambos escenarios, corre el riesgo de ser apartado del proceso.
Este largo ciclo que abarca desde la etapa preescolar hasta la universitaria, convierte a la educación tradicional en una gran fábrica que, siguiendo rutinas de acondicionamiento tipo “pavloviano” y métodos de producción en serie, introducen a la sociedad millares de individuos modelados y regidos bajo criterios uniformes.
Suena espantoso, suena macabro, suena ilógico… Pero básicamente es así, desde que Platón fue discípulo de Sócrates. O quizá mucho antes.
Es por ello, que el actual modelo educativo se convierte en la perfecta herramienta, para cualquier intención de manipulación y dominación de ciudadanos.
En el caso venezolano, el modelo actual está sutilmente diseñado, para inculcar en el subconsciente del individuo la idea que existe una estructura social jerárquica poderosa, estática y omnipresente; y que solo se puede pertenecer a ella de si acatas fielmente las normas y te sometes sumisamente a ella.
Esta exquisita programación neuronal, se evidencia en los textos escolares que se utilizan desde muy temprana edad.
En al año 2004, se editó el libro titulado “El texto escolar en el ojo del huracán”, del sociólogo y profesor universitario Tulio Ramírez, en el cual se presenta un estudio de las imágenes y citas extraídas de 42 textos escolares, utilizados desde primer a séptimo grado de educación básica, durante las recientes décadas.
El resultado no deja de impresionar…
.- El 77,5% de las imágenes representadas eran de personas de tez blanca y 22,5% se distribuye entre mestizos, afrodescendientes e indios.
.- 79% de los trabajos son representados por hombres. Las mujeres son amas de casa.
.- El 85% relacionan a las profesiones con imágenes de personas de tez blanca y con aparente solvencia económica.
Estos números son sospechosamente paradójicos, en un país con tan alto mestizaje.
Sería muy interesante conocer los efectos que ocasionan en el subconsciente de los jóvenes, este constante “goteo” de mensajes subliminales durante todo el periodo escolar.
Probablemente, los resultados no serían ninguna sorpresa…
En una ocasión el Doctor Jaime Lusinchi, ex presidente de la República, mientras realizaba un discurso público, propuso eliminar la palabra “indio” porque resultaba incómoda.
Con tan infeliz declaración, prácticamente estaba insinuando un etnocidio.
En una carta remitida a la Asamblea Nacional Constituyente en el año 1999, el difunto político, abogado, periodista e ¡historiador! Jorge Olavarría, se refería a las comunidades indígenas como “amorfas, inorgánicas, extremadamente atrasadas pobres, ignorantes y vulnerables a la manipulación…”
Quizá estas atrevidas declaraciones, puediesen ser consecuencias de alguna traición de esos subconscientes programados…
Para cambiar esta situación, desde el sector gubernamental se propone un cambio radical... Un giro de... 360 grados.
Modificar el modelo educativo para adaptarlo a la “ideología revolucionaria”.
Según el actual Ministro de Educación, en Venezuela se “emprende una pedagogía acorde con el proceso socialista”.
Anteriormente, su predecesor dejó para la posteridad, un par de contundentes frases relacionadas con la orientación del modelo educativo:
.- "Estoy politizando la educación y ¿qué?".
.- “Cada maestro tiene que estar casado con el modelo de república...”.
¿Qué tal?... ¿Quién entiende semejante contradicción?.
A pesar del discurso liberador y progresista del sector gubernamental, se asoman actitudes tales como la monopolización de los contentidos educativos, la imposición de la interpretación oficial y la restricción de la libertad de cátedra.
Ciertamente, es necesario que el Estado supervise todo el aparato educativo, para garantizar la correcta formación de los ciuidadanos basado en valores como la convivencia, el respeto de la libertad de pensamiento, la igualdad de oportunidades, la instrucción para el hacer, etc. Pero, dogmatizarla es otra cosa.
Desafortunadamente, aún no se ha concebido un modelo educativo “químicamente puro”, por ello, debemos lidiar con los modelos conocidos y tratar de perfeccionarlos.
Foto: Fuente Venezuela. Parque Los Caobos
























